domingo, 19 de septiembre de 2010

NUEVO ARBORICIDIO

En estos últimos días, nuestra prensa se ha hecho eco de la tala indiscriminada de unas decenas de árboles en el entorno del Cementerio de San Rafael, incluso con la correspondiente propuesta de sanción a los responsables de tal desaguisado.
Igualmente, han sido numerosas las cartas, entrevistas, reuniones con el primer edil sobre el futuro de los árboles y más en concreto sobre el Parque Cruz Conde.
Pero, paseando por nuestra Córdoba me pregunto quién defiende a los árboles pequeños, de corta vida algunos, que silenciosamente van desapareciendo de nuestro entorno. Para ello, veamos algunos ejemplos:
El primero de ellos es un naranjo cortado hace tiempo y no repuesto en el cruce de la calle Claudio Marcelo con María Cristina, al lado de una panadería; se ve todavía la base sesgada y nadie de los responsables parece que se ha percatado de ello, ni siquiera quien lo cortó.
Otro ejemplo descarado fue el de un árbol, no sé de qué especie, que se colocó tras su remodelación en la calle Duque de Hornachuelos, a la altura de un ensanche, frente a la Delegación de Apuestas, con dos bancos metálicos, haciendo un rincón entrañable, pero que a base de golpes, primero fue tronchado para después desaparecer.
Lo último que he podido comprobar ha sido en la calle Alfaros, casi llegando al Ayuntamiento: existían dos árboles con sus respectivos alcorques que han desaparecido y en su lugar han puesto baldosas.
Y digo yo que para qué habrán servido tantos proyectos de remodelaciones de calles, plazas y demás, si después de pasado un tiempo el cuidador mismo, junto con algunos desaprensivos, se encargan de arrasar con lo proyectado. Espero que los encargados de nuestros árboles y jardines repongan a la mayor prontitud los árboles suprimidos.

lunes, 26 de abril de 2010

BASTA YA DE ENFRENTAMIENTOS

Hasta hace sólo unos cuantos años, nadie hablaba de ganadores y perdedores, de “fachas” y de “rojos”, república y dictadura, guerracivilismo, etc. Yo creía que este tema estaba más que superado por una sociedad que desea vivir en paz, ver crecer a sus hijos y conseguir la tan ansiada prosperidad, tanto propia como ajena.
Pero hete aquí que como consecuencia de una mal llamada “memoria histórica” a iniciativa legal del actual Gobierno, de una serie de asociaciones empujadas por una serie de “historiadores” que según ellos pretenden descubrir la verdad, como si ese tema ya no hubiese sido visto hasta la saciedad. Todos esos están provocando en la “ciudadanía” un ánimo de enfrentamiento, de calentar ánimos, de unos contra otros, como antes nunca se había visto.
Me temo que las personas mayores que en su juventud vivieron una posguerra tan cruel como la nuestra, fuese cual fuese su bando, el ganador o el perdedor, se les pondrá el vello de punta, como por aquí decimos, al volver a escuchar una serie de improperios, venganzas absurdas y desenterrar todo lo que se pueda.
Y me pregunto que a estas alturas de la historia, ¿qué sacamos con todo esto?, ¿quién se beneficia de la polémica?, ¿qué está pasando?, ¿por qué se utiliza la figura de un representante de la justicia como excusa para lanzar a la gente a la calle, incluida la bandera republicana? Nostalgias trasnochadas, buscando incluso el enfrentamiento directo, físico y verbal, con un partido fascista del que sólo quedan cuatro gatos.
Qué pasa que no tenemos otros problemas de que preocuparnos: léase la fracasada economía llena de parches por quien no sabe sacar adelante un país, fracaso escolar, fracaso educativo, fracaso laboral y por ende un fracaso social, posturas además de fanáticos que pretenden atacar a las instituciones del Estado y cuyos representantes en muchos casos alientan y defienden tales ataques.
Dejémonos de “inventos” y luchemos por sacar adelante este fabuloso país, mal que le pese a algunos y dejemos de provocarnos y desenterrar hachas de guerra.

martes, 13 de abril de 2010

COSTUMBRES HOLGAZANAS

Releyendo la obra de "Paseos por Córdoba", de Ramírez de Arellano, ha llamado mi atención que entre la normativa foral aplicable a nuestra Ciudad, existía la denominada “Ley de las Holgazanas”; norma referida a las mujeres casadas y su participación en los bienes gananciales del matrimonio a la muerte del marido. Esta ley fue promulgada por los Reyes Católicos y derogada por la Novísima Recopilación en 1802 por el Rey Carlos IV.
Según parece, esta disposición fue dictada a instancias de la propia Reina Isabel La Católica, al comprobar durante una de sus estancias en la Ciudad, las numerosas mujeres que se encontraban durante más de dos o tres horas frente a palacio para poder así ver a la Reina. Según parece, la monarca preguntó si esas mujeres ayudaban a sus maridos a sostener las cargas de la familia, a lo que se le contestó negativamente. Ante tal respuesta, parece ser que la Reina manifestó que si no ayudaban a ganarlo, tampoco tenían derecho a disfrutarlo, esto es, a los bienes del matrimonio.
A resultas de ello, se estableció la referida norma a las mujeres cordobesas de la capital, privándoseles del derecho a los bienes gananciales a la muerte de sus maridos, obligando a muchas mujeres a contraer matrimonio fuera de Córdoba capital para eludir tal norma, ya que de lo contrario quedaban en una situación bastante precaria si fallecía antes el marido.
Menos mal que a instancia de un cordobés llamado José Fernández el Carnerero, otro monarca fue más sensato que la reina católica y derogó tan mala ley.

viernes, 26 de marzo de 2010

ANTONIO MACHADO NÚÑEZ

Muchos conocen a su famoso nieto, el poeta, pero si ha existido un personaje importante en nuestra historia andaluza ese fue su abuelo, Antonio Machado y Núñez, nacido en Cádiz el año 1812. Médico, biólogo, naturalista, introductor de la teoría darwinista en España y krausista, además de haber sido Venerable Maestro de la Logia “Fraternidad Ibérica” Nº 29, de Sevilla, llegó a ser tras “La Gloriosa”, alcalde y gobernador civil de referida capital. Escribió bastantes obras sobre la naturaleza. Pero, si ha de destacarse alguna, me quedo con su Cathalogus Methodicus Mammalium, publicado en la Revista Mensual de Filosofia, Literatura y Ciencia de Sevilla, 1869, T. I: 65. Se trata esta obra de una clasificación de los mamíferos andaluces y que constituye un acercamiento a la realidad sociológica andaluza, describe al hombre y mujeres andaluces y así nos dice que “El andaluz, de cuerpo mediano, estatura de 1m. 56 mm., hasta 1m 65 mm, temperamento sanguíneo bilioso, habita en las provincias comprendidas en los antiguos reinos de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla. Su cutis es poco encarnado, moreno, ligeramente pálido; los cabellos largos, finos y sedosos son, por lo general, castaños o negros; la cabeza es mediana; el cuello grueso; la cara oval; la barba poblada; los ojos son rasgados y grandes, negros o pardos; las cejas arqueadas; las pestañas largas y sedosas; la nariz recta, algo gruesa en la base y deprimida en la raíz, es muchas veces aguileña, la boca regular, con labios delgados, o abultados ligeramente; las orejas levantadas, medianas; la barba es poco saliente; los pies y las manos son pequeños” y, respecto a las mujeres las describe así: “Las mujeres son seductoras, hay en ellas una mezcla de languidez, de gracia y atractivo inexplicable; sus ojos son insinuantes, apasionados, ardientes y vivos: unas veces pardos, que traslucen el alma, otras veces negros aterciopelados, forman un delicioso contraste con el color nacarado de la esclerótica, que tiene el aspecto de las perlas.”.

viernes, 6 de noviembre de 2009

EDUCACIÓN MODERNA

Fue un antiguo profesor ya jubilado quien cierto día me explicó que la mejor educación dada en España se corresponde con la del bachillerato antiguo, ni B.U.P., ni E.S.O., ni LOGSE, ni nada; lo antiguo fue mucho mejor que lo que vino después. Conste que dicha afirmación no fue de mi agrado puesto que pertenezco a la segunda promoción que cursó el B.U.P. y, dentro de lo que cabe, creo que recibí una buena formación. Pero, si echamos la vista atrás no nos queda más que darle la razón si lo comparamos con el actual sistema educativo.
Pero es el todo, educación en su sentido amplio, es decir, formación integral (todos o casi todos sabían los ríos con sus afluentes, así como los sistemas montañosos de España, Europa, América, etc., literatura hispana y universal, ciencias naturales, matemáticas, lengua española y un largo etcétera), educación cívica (respeto hacia los mayores, padres, profesores, no tuteo, saber ceder la acera, la entrada a un lugar, saber presentarse, asiento de autobús, etc.) en suma, se formaban personas para un futuro mejor.
Hoy en día, se forman alumnos en una enseñanza cuarteada, partidista, localista. Se insiste en conocer más un pintor, escritor o músico local antes que universal. Para nada se fomenta la lectura, el esfuerzo, el mérito de cada uno, se pasa de curso sin conocimientos. Todos somos iguales y la educación de la casa se cede al colegio, como si los padres careciesen de responsabilidad en ese tema, cuando son los principales actores de esta película. Se le ha quitado autoridad al profesor y ya se guardaría de reñirle lo más mínimo sino le agreden encima.
En este sentido muestro mi total disconformidad con el presente sistema educativo. Como la ley del péndulo hemos pasado de un extremo a otro y creo que existe como en todo un término medio. Estimo que hoy con tantos medios de toda índole contamos con más analfabetos funcionales que hasta no hace tantos años. Confío en que pronto se produzca el cambio deseado.

martes, 21 de julio de 2009

ARTILLERO DE SU MAJESTAD

Al igual que ya escribió mi homónimo Antonio Muñoz Molina en su libro "Ardor guerrero", inicio del Himno de la Infantería española, pretendo hacer un esbozo, aunque sea somero, de mi experiencia en el ejército español como soldado raso para cumplir con la patria, cual servicio obligatorio a filas que era.
Al ser un estudiante más, se me ofreció la posibilidad de solicitar prórroga de segunda clase por estudios y así lo hice. Me fue concedida y se nos advirtió a todos que estuviésemos pendientes del sorteo de nuestra quinta porque allí donde destinasen a los que hubieran nacido en la misma fecha, año 1962, mes de enero, en mi caso, cuando renunciásemos a la prórroga, una vez terminados los estudios, igual sería nuestro destino.
En mi caso tuve suerte, ya que el destino era a Córdoba, entonces C.I.R. nº 5. Hubo quien tuvo más suerte aún, como mi amigo Antonio Cuevas, al salir sus compañeros de nacimiento excedentes de cupo (éramos el producto de la década prodigiosa en lo que a nacimientos se refiere), él se limitó a renunciar a su prórroga y automáticamente también era excedente de cupo. Me alegro por él y tantos otros que así se libraron del llamado servicio militar.
Acabado el curso de 1985 en junio y al haber terminado así mi Licenciatura en Derecho, opté por renunciar a la prórroga y cumplir cuanto antes mi deber para con la patria.
Me llegó la carta diciendo que debía estar en la Zona creo recordar que el 25 de septiembre de 1985; allí fui y me dieron un petate de color caqui y empezaron unos tíos a pegarnos voces. Luego nos dijeron que a las 12 debíamos estar en la explanada de la antigua estación, donde nos subieron a unos autocares con destino a Cerro Muriano.
Nos pasaron lista y a mí me destinaron a la compañía 16ª del Tercer Batallón. Estábamos cerca de doscientos en la compañía. No había agua para asearse porque alguien la había cortado y estuvimos así unos dos días hasta que nos bajamos el fin de semana a Córdoba.
La primera semana fue de adaptación: entrega de ropa militar, corte de pelo, etc. En lo que a mí respecta no había ropa de mi talla, sólo me estaba bien la gorra y las botas. El traje completo me lo tuvieron que hacer a medida y, entretanto, se me dieron dos "monos" de faena para hacer la instrucción. Aquel año de 1985 hacía un calor insorpotable: yo no he bebido más agua en mi vida. Todo era a la carrera, todo eran prisas que nos metían unos cuantos soldados veteranos y cuya amenaza más recurrente era quedarnos arrestados el siguiente fin de semana. De las cosas que me llamaban poderosamente la atención era el olor de la ropa, a sudor, a humanidad. Tuve que adaptarme hasta para hacer mis necesidades personales, en concreto, hacerlas antes del toque de diana porque una vez que me ponía el mono de faena, necesitaba a alguien que me ayudase a sacármelo de los hombros. En suma, que cuando tocaban diana, yo ya estaba completamente aseado.
Entramos en la rutina diaria de formar tras diana, asearnos, vestirnos e ir a desayunar una especie de colacao muy raro y un dulce o bocadillo. Después vuelta a formar para hacer instrucción, según estatura: la primera fila estaban los más altos y yo era uno de ellos, aunque vestido con el mono, gorra y botas. Era un mundo nuevo al que creí que nunca me adaptaría pero me adapté, qué remedio quedaba. Lo mejor era por la tarde noche en que podían visitarte tus familiares y novia y, sobre todo, por la tortilla de patatas que traían consigo: bendita tortilla que repartía con otros compañeros y que daban un sabor familiar a todo aquel mundo.
Tras estar más de cuarenta días en aquel centro de instrucción -cuarenta días estuvo Jesús en el desierto- llegó el día de la jura de bandera. Era Domingo de finales de octubre. Mi ropa no había llegado aún, por lo que los jefes decidieron que jurase con mi mono, mezclado con los del botiquín, sin arma, para desilusión de mi familia y quitado rápidamente de enmedio para no estropear la vistosidad de la jura.
La vida militar era otro mundo. A mi opinión, aquello era una pérdida de tiempo, sobre todo, para los que teníamos medio claro nuestro futuro inmediato, no así para el que estuviese parado. Pero como soy de naturaleza optimista, lo positivo de aquel año largo fue comprobar el nacimiento de unos vínculos de amistad como nunca antes había sentido, amigos para toda la vida, pero de los de verdad. Allí conocí a seres entrañables como a Miguel Ángel González Bernabeu, su primo José Luis González Lara, etc. También se comprueba las miserias humanas, dado el escalafón militar, gente que no eran nada ni nadie veías como abusaban de los más débiles, no más por ser un cabo primero, algunos se creían alguien, pero saliendo del cuartel eran uno más de la tribu, o sea, nadie, otro ser anónimo.
Tras la jura, fui destinado con otros compañeros al Cuartel de Artillería de Córdoba, sito en la Avda. de Medina Azahara, conocido en el argot militar como R.A.C.A. 42, aunque a partir de 1986 pasó a denominarse G.A.C.A ATP XXI, es decir, de Regimiento pasó a ser Grupo y al mando del mismo una persona seria, exigente, como no podía ser de otra forma, el Teniente Coronel D. Fernando Gómez Puebla, asisitido de dos comandantes, Fernández Casla y otro cuyo nombre no acierto a recordar.. Y ello porque además de artillería, existían otras armas, como Caballería, Transmisiones, etc.; este resto de grupos fue llevado a Cerro Muriano, salvo Artillería.
Estaba en Córdoba, sí, pero una vez que entrabas en el cuartel, aquello era otro mundo. Nunca se me olvidará la Nochevieja de 1985, porque el día 1 de enero de 1986, a las 7 de la mañana estaba de servicio en la cocina del cuartel, ya que a mi Batería, la Tercera, le tocaba ese mes dicho servicio. No había nadie en las instalaciones y mi estancia allí era depresiva. Fue todo el mes de enero de 1986 como digo. Allí aprendí a pelar patatas, limpiar pescado, etc.
Justo al finalizar el mes, el cabo furriel me llamó para enseñarme una caja de cartón en la que había llegado mi uniforme completo. El muy becerro me miró sonriendo, diciéndome que al día siguiente tenía guardia. Fue la primera de muchísimas más.
Me hicieron cabo a la fuerza. En efecto, yo no quería vincularme demasiado con el ejército, intenté pinchar el examen, éramos veintisiete y entré el último. Luego, me alegré porque en las guardias no era lo mismo ser artillero raso que cabo: por lo menos te evitabas entrar en las garitas durante dos horas.
Un día fui llamado por el Teniente Millán y se me informó que como a él lo habían nombrado Juez del Juzgado Militar del acuartelamiento, necesitaba un Secretario judicial y dada mi formación de Licenciado en Derecho, había decidido en consuno con el Jefe superior, que dicho nombramiento recayese en mi persona.
Tácticamente, fui incorporado al F.D.C., acrónimo de Fire Directer Center, dentro de la Batería. Muchos puestos y mucho servicio. Por todo, creo recordar que nos pagaban al mes unas 110 pesetas. Así, que si había maniobras en el Muriano, para allá que iba; había que redactar exhortos a máquina de escribir, también era mi cometido y, por supuesto, si había que realizar servicio de guardia, pues también. Como decía Alfredo Landa en la película "Los Santos Inocentes", "a mandar que pa eso estamos". Todo el mundo mandaba y daba órdenes.
Sin querer queriendo aprendí a intentar escaquearme lo máximo posible. Así, había un servicio que se llamaba "cabo de transeúntes". Una vez al mes, a nuestro cuartel le tocaba prestar un servicio consistente en que un sargento y un cabo tramitaban lo necesario para los soldados que estaban de paso, con esta función lograbas rebajarte de los servicios de armas durante dicho mes. En el mes de agosto, mi compañero Miguel Ángel Ceular, con destino de cartero y rebajado además de servicios de uniforme, me lo dijo, que se iba de permiso por quince días y que si quería suplirlo: allá que me fui y sin querer me libré de realizar unas maniobras en Zaragoza.
De los mandos recuerdo a los cabos primero Gaitán y Adame (éste por lo "gracioso" que era en la cocina y con muchos de sus comentarios, pero dejémoslo ahí); sargento Juan Rodríguez; sargento primero Collantes, tenientes Millán y Moreno (éste último hizo durante un tiempo las veces de capitán de Batería hasta que llegó el titular cuyo nombre no voy a mencionar), sin poder olvidar a mi querido Brigada Rísquez, quizá una de las personas más nobles y honrada que he conocido en mi vida. Por supuesto, no puedo olvidar al Jefe del Grupo, Sr. Gómez Puebla, mi querido Teniente Coronel. Dirigía aquello como un cuartel, generoso, sin estridencias y, en definitiva, como lo que era y es, como un auténtico caballero cordobés, artillero hasta la médula que ayudado por el equipo de oficiales a su alrededor te hacía la "mili" más llevadera. Sabía tratar a la gente a su mando, nada de falsos partenalismos.
Y llegó el 31 de cotubre de 1986, fecha del licenciamiento. Reconozco que se me saltaron las lágrimas, no `pude reprimirme; acaba una etapa de mi vida y por fin era libre o, al menos, eso pensaba yo.

martes, 19 de mayo de 2009

FACULTAD DE DERECHO - PUERTA NUEVA - EPÍLOGO

Llegamos al Curso 1984-85. Quinto y último año de la Licenciatura en Derecho. Segundo en Puerta Nueva. Primera novedad: elección de delegado de curso. En un principio, opté por no volver a presentarme; mi ego ya había sido cubierto con la experiencia del curso anterior. Se presentó un compañero que, aunque repetidor, no por ello menos eficiente. Su nombre, Ignacio Pereda, Nacho, para los amigos. Todo fue bien en los primeros meses, aunque el problema surgió a final de año, de 1984. Nacho se marchó, desapareció un buen día. Según parece había decidido marcharse a no sé qué misión, vamos que todos creíamos que se había metido a cura. Al pasar los años nos enteramos que no, que había entrado en una Fundación de Acogida de menores y gente desvalida y que su misión era recaudar fondos para ayudar a este tipo de personas con problemas, incluso fuimos hace poco a una cena organizada por todos sus amigos en La Salle: desde aquí un fuerte abrazo Nacho.
Así las cosas, comenzó el nuevo año de 1985 viéndome de nuevo ejerciendo la labor de delegado sin querer queriendo, aunque reconozco que tuve la estimable ayuda de Magdalena Entrenas.
Las nuevas asignaturas eran en su mayoría la segunda parte de las de cuarto. Así, estaba Civil IV, Familia y Sucesiones, Procesal II, Mercantil II y como novedades Filosofía del Derecho y Derecho Internacional Privado. Claro, que aún arrastraba el Derecho del Trabajo y Derecho Mercantil I.
El Derecho Civil, parte Familia, nos la impartió el Magistrado D. Antonio Puebla Povedano, hoy Presidente de una sección de la Audiencia Provincial, entonces del Juzgado de Primera Instancia Número Uno de Córdoba. Sus clases eran amenas, aunque como siempre vinculado al "Albaladejo". Familia, en cambio, la daba el catedrático D. José Manuel González Porras.
Derecho Procesal II, parte penal, comenzó a impartirla Juan Burgos. Cuando éste venía, la gente optaba por irse a la cafetería. Nos dio el procedimiento monitorio, actual abreviado penal, ya que lo de monitorio ha pasado al ámbito civil. La gente esperaba a ver quién venía a dar la clase: si era Peláez, la mayoría se quedaba, pero si era Burgos, todos salíamos flechados para la cafetería.
Mercantil II, títulos valores, concursal, etc., nos la daba el catedrático D. José Mª Viguera Rubio. Tío centrado que venía de Sevilla, guardaba sus explicaciones por riguroso orden, siempre enchaquetado y hablándonos de usted.
Con este profesor llegó el escándalo en este curso. Bueno, no sólo con él, sino también con el representante de curso, Sebastián Almenara. No dije antes que para el año que quedaba, todos decidimos que continuase en ese puesto dicho compañero, aunque luego, la mayoría se arrepintiese de la decisión. Todo ocurrió así. Un Lunes de primavera, antes de que llegase Viguera a dar su clase como siempre, Sebastián me dijo muy nervioso que había ocurrido algo en la Junta de Gobierno del Viernes anterior. Antes de que terminase de contármelo, aparece el citado profesor, sin chaqueta, en plan como se dice ahora "casual wear". Se dirigió a la pizarra y escribió tres frases en latín, entre las que figuraba "pacta sunt servanda" o la que dice "rebus sic stantibus". La gente estaba perpleja, no entendía nada, pero, D. José María no íbamos por la letra de cambio? decían unos. Viguera no atendía a explicaciones. Al final de la clase por fin se aclaró todo. Sebastián estaba a mi lado con la cabeza agachada.
En definitiva, todo había tenido lugar en la Junta de Gobierno. En el turno de ruegos y preguntas, Sebastián dio las quejas de que los departamentos no cumplían sus horarios de consulta. El Decano, Peláez, le desafió a que no generalizase, que fuese más específico (según Sebastián se habían puesto de acuerdo anteriormente él y Peláez). En ese momento, nuestro representante señaló descaradamente al de Mercantil, vamos que lo crucificó. Y no era para menos: si alguien nunca estaba en su departamento, ese era Peláez. Pero no, se fue a por Viguera.
De ahí venía el cabreo que pilló este último. Nos dijo que ya que teníamos como representante a semejante individuo (la clase comenzó a mirarlo de forma que lo habrían acribillado de haberlos dejado) pues que nos fastidíasemos. Los pelotas de turno, cuyo nombre me reservo, comenzaron a pedirle disculpas de forma bochornosa: parecían niños de primaria; cualquier cosa antes que se les estropease su carrera. Se lo advertí a Sebastián: tío, mientras Viguera esté en la Facultad, tú no apruebas el mercantil. Mis augurios se hicieron realidad, primero, porque una tarde así me lo confesó el profesor en cuestión, del que me hice bastante amigo a su instancia y, segundo, porque, en efecto hasta pasados unos años, no pudo acabar la carrera mi compañero, justo después de irse el profesor a Sevilla de forma definitiva. Como diría un castizo, "cosas de la vida" y, sobre todo, nunca te enfrentes a quien tiene en un momento de tu vida el poder sobre ti.
Derecho Internacional Privado nos la dio una profesora proveniente de la Universidad de Oviedo, discípula de Carrillo Salcedo. Sólo recuerdo de ella la pinta de pasota que tenía y que se admiraba que en pleno mes de mayo fuésemos en manga corta: friolera que era la muchacha.
Filosofía del Derecho. Nos la daba Fernández Escalante con sus locuras que hoy serían tildadas de filonazistas, racistas y todos los istas. De él sólo recuerdo lo que solía repetir. Último curso de carrera, ahora sois todos amigos y compañeros, en cuanto salgáis a la calle seréis competidores y qué razón tenía.
Llego fin de curso. Exámenes. Me volqué en las siete asignaturas, cinco y las dos de cuarto, aunque la más floja fue la de Peláez. Las aprobé todas, menos la de Peláez que fue él quien me aprobó como a otros tantos, eso sí con la inestimable ayuda de Almenara.
El día 1 de julio de 1985 celebramos la cena de fin de carrera en el Castillo de la Albaida. Desde entonces y cada cinco años me encargo de reunir a la tropa, aunque no todos comparecen a pesar de ser llamados a capítulo. Siempre han existido los grupitos y parece mentira que habiendo transcurrido casi treinta años que iniciamos la carrera, algunos sean tan nenatos o como se dice en Córdoba, tan faltuscos.